A Estrella le empezó a fallar la cabeza. Un día acertaba con el nombre del presidente del Gobierno, quince minutos más tarde le preguntaban: ‘¿Has comido ya?’ «¿Yo, para qué tengo que comer », respondía. Las piezas de su memoria se iban esparciendo en el olvido.
La anciana, de 87 años de edad, sufría alzhéimer, un mal que no sólo arrastra a una persona, sino que hunde a toda una familia en un pozo de dedicación exclusiva al paciente. |